
Stress not only affects our emotional state, but also has direct and visible effects on the health and appearance of facial skin. When we are under stress, the body activates a complex physiological response that disrupts multiple skin functions.
1. Increased Stress Hormones and Sebum Production
During stressful situations, the body releases hormones such as cortisol and corticotropin, which can trigger an increase in oil production by the sebaceous glands. This excess sebum can clog pores and promote the appearance of acne breakouts and blemishes, even in people who do not normally struggle with acne.
2. Weakened Skin Barrier and Dehydration
Chronic stress can impair the skin’s protective function, weakening the natural barrier that maintains hydration and protects against environmental irritants. As a result, the skin may lose moisture more quickly, become drier, rougher, or irritated, and grow more sensitive to external factors.
3. Inflammation and Increased Sensitivity
The release of cortisol is also associated with inflammatory responses in the skin. This can cause redness, swelling, irritation, and even flare-ups of chronic conditions such as rosacea or dermatitis, especially when the skin is exposed to high stress levels over time.
4. Premature Aging
Stress accelerates biological processes related to skin aging. High cortisol levels can interfere with the production of collagen and elastin—the proteins responsible for keeping the skin firm and elastic. Over time, this may result in fine lines, wrinkles, and loss of facial firmness.
5. Dullness and Lack of Radiance
Tension and prolonged activation of the stress-response system also affect skin microcirculation, reducing blood flow. This can make the skin appear dull, tired, and less vibrant.
El estrés no solo influye en nuestro estado emocional, sino que también tiene efectos directos y visibles en la salud y apariencia de la piel del rostro. Cuando estamos bajo estrés, el cuerpo activa una respuesta fisiológica compleja que altera múltiples funciones cutáneas. 1. Aumento de hormonas del estrés y producción de sebo
Durante situaciones de estrés, el organismo libera hormonas como cortisol y corticotropina, que pueden desencadenar un aumento en la producción de grasa por parte de las glándulas sebáceas. Este exceso de sebo puede obstruir los poros y favorecer la aparición de brotes de acné y espinillas, incluso en personas que no suelen tener problemas de acné.
El estrés crónico puede alterar la función protectora de la piel, debilitando la barrera natural que mantiene la hidratación y protege contra irritantes ambientales. Como resultado, la piel puede perder humedad más rápidamente, volverse más seca, áspera o irritada, y ser más sensible a factores externos.
La liberación de cortisol también está asociada con respuestas inflamatorias en la piel. Esto puede provocar enrojecimiento, inflamación, irritación e incluso brotes de afecciones crónicas como rosácea o dermatitis, especialmente cuando la piel está expuesta a estrés elevado de forma continua.
El estrés acelera procesos biológicos relacionados con el envejecimiento de la piel. Altos niveles de cortisol pueden interferir con la producción de colágeno y elastina, las proteínas que mantienen la piel firme y elástica. Con el tiempo, esto puede resultar en líneas finas, arrugas y pérdida de firmeza facial.
La tensión y la activación prolongada del sistema de respuesta al estrés también afectan la microcirculación de la piel, reduciendo el flujo sanguíneo. Esto puede hacer que la piel luzca opaca, cansada y con menos vitalidad.
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